Aug 8, 2025

Posicionamiento: qué lugar ocupa una empresa cuando no está presente

• 6 MIN READ
Bárbara Gomez
Estrategia e innovación

El posicionamiento es el lugar que una empresa ocupa en la mente de quien tiene que elegirla, comparada con las alternativas disponibles. No es lo que la empresa dice de sí misma: es lo que queda en la cabeza del otro cuando la empresa no está delante.

Definirlo es elegir. Un posicionamiento que intenta abarcar todos los atributos deseables —calidad, precio, servicio, innovación, trayectoria— no posiciona nada, porque no descarta nada. La decisión difícil de un proceso de posicionamiento no es qué se quiere ser, sino qué se está dispuesto a resignar.

En mercados entre empresas la lógica es distinta

Hay una idea instalada de que el posicionamiento es cosa de marcas de consumo, y que en el mundo industrial lo que decide es el precio y la ficha técnica. Es falso, pero se apoya en algo cierto: los mecanismos son distintos.

En una pyme la decisión de compra suele concentrarse en una o dos personas: el encargado de compras, el gerente técnico, el dueño. No hay comités enormes ni procesos de licitación. Pero esa persona casi nunca decide sola en sentido estricto: tiene que justificar la elección ante alguien. Ante el dueño que firma, ante el socio que pregunta por qué se pagó más, ante el jefe de planta que va a convivir con el equipo durante diez años.

Esa es la función real de la marca en este terreno. No genera deseo: genera argumentos. Le da a quien decide con qué defender su decisión frente a los demás. Una empresa con una marca sólida es más fácil de defender puertas adentro que una que parece improvisada, aunque las dos coticen parecido.

Lo que se evalúa antes de la primera reunión

Cuando alguien busca un proveedor nuevo, el primer contacto casi nunca es una reunión. Es una búsqueda, un sitio web, un catálogo que llegó por mail, una recomendación seguida de una revisión rápida en internet.

En esos minutos se forma un juicio sobre la seriedad de la empresa que después es difícil de revertir. Un sitio desactualizado, materiales comerciales inconsistentes o fichas técnicas mal armadas producen una conclusión inmediata: si descuidan esto, hay que averiguar qué más descuidan.

Es injusto, porque no hay relación necesaria entre la calidad de un catálogo y la de un producto industrial. Pero es lo que pasa, y una empresa que trabaja bien tiene todo el derecho a que eso se note antes de que la conozcan.

El desfasaje más común

Hay un problema que aparece una y otra vez en empresas con trayectoria: la empresa es mejor de lo que parece. Fabrica bien, cumple, tiene clientes de años, resolvió cosas difíciles. Y su comunicación la muestra como una empresa más chica y menos capaz de lo que es.

El desfasaje no suele venir de la desidia sino del crecimiento. La empresa fue creciendo y la comunicación se quedó en la escala anterior, resuelta con lo que había a mano en cada momento. Nadie decidió que fuera así.

Muchas empresas son mejores de lo que aparentan.

Cerrar la brecha

ASA desarrolla equipamiento tecnológico para industrias, centros logísticos y depósitos, y también tiene una línea de productos residenciales. Trayectoria sólida, productos de alto nivel, y una comunicación que no lo reflejaba.

El trabajo incluyó auditoría, intervención sobre la marca, definición de arquitectura con proyección a nuevos mercados, y la revisión de las propuestas de valor de todos los productos, que después se reflejaron en el sitio, el catálogo, las fichas técnicas y los manuales de uso. Con el tiempo, el posicionamiento en canales digitales acompañó un incremento sostenido de las consultas.

Vale ser preciso con eso último: las consultas subieron en un período donde también cambiaron otras variables del negocio. Atribuir el crecimiento comercial únicamente a la marca sería exagerado. Lo que sí se puede afirmar es que la empresa dejó de perder oportunidades por parecer menos de lo que era.

Un lugar, no una lista

Posicionarse es aceptar ocupar un lugar y no otros. La empresa que quiere ser reconocida por su capacidad técnica probablemente no sea la más barata. Y la que decide competir por precio y volumen probablemente no sea percibida como la más especializada, ni pueda sostener los márgenes de quien sí lo es.

Las dos posiciones son legítimas y las dos son rentables. Lo que no funciona es la ambigüedad: querer las dos cosas a la vez suele terminar en ninguna. Lo importante es que la posición sea el resultado de una decisión y no de no haber decidido nada.

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Estrategia de marca